Tuesday, June 16, 2009

Articulista invitado: Heinrich Helberg Chávez
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ES FACIL ACABAR CON LA POBREZA, SI SE TIENE VOLUNTAD
Por Heinrich Helberg Chávez
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I. Introducción
Antes del 5 de junio ya sabíamos que la situación indígena en el Perú es causa de una honda preocupación internacional, porque el país demuestra un déficit importante respecto al tratamiento que los gobiernos dan a los pueblos indígenas, los pobres de los pobres, en relación con los países vecinos, pero también respecto a las deficiencias en la aplicación de los tratados internacionales.
Las Naciones Unidas, los organismos internacionales, la comunidad científica mundial, la cooperación internacional y los organismos multilaterales como el Banco Mundial, todos han mantenido una actitud expectante de observador crítico. Justamente el 4 de junio, un día antes del trágico enfrentamiento en Bagua, la Defensoría del Pueblo difundió una nota de la Presidenta del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, Victoria Tauli Corpuz, advirtiendo al estado peruano que evitara “cualquier acción, como la intervención militar que podría acentuar el conflicto”, pero fue desoída por el Gobierno peruano como si desconociera las características del pueblo awajún, como si no hubiera podido medir las consecuencias de su decisión, con los trágicos resultados que demuestra por enviar una intervención policial que obviamente desencadenó una matanza. Esto solo puede haber sucedido por desinformación antropológica del Gobierno Peruano, al desconocer con quién estaba tratando, o por su incapacidad ética y política, al no saber medir las consecuencias de la intervención policial, que ha terminado por polarizar más a los ciudadanos peruanos.
Lo ocurrido en Bagua el 5 de junio denota una ignorancia de las características del pueblo awajún y su ímpetu guerrero en quienes tomaron la decisión. Obviamente enviar una delegación policial era una provocación, porque la policía no va a negociar, no es la instancia para eso, va a imponer, y la única salida posible cuando se negocia con la policía es ceder ante la presión del estado. Quizá eso hubiera sido sabio. Pero eso no puede esperarse de un pueblo dispuesto a luchar porque se respeten sus derechos reconocidos y establecidos, cuando éstos no se aplican o se recortan, — y esa ha sido lamentablemente la política de este gobierno. Muchas veces los antropólogos hemos advertido y explicado los riesgos de violencia en esta zona a los funcionarios del estado, pero obviamente fuimos desoídos.
El problema en este caso, es que se enfrentan dos derechos distintos, el derecho consuetudinario indígena, respaldado por una Declaración de las Naciones Unidas y un Convenio internacional, ambos firmados por el Perú y el derecho nacional, que minimiza y distorsiona los derechos indígenas reconocidos, y que en este caso el gobierno quería ajustar o reducir aún más, de manera solapada y engañosa, repartida en múltiples artículos aparentemente inconexos. La consecuencia previsible es que las medidas del estado van a generar más pobreza, en este sector de la población, pues va a descapitalizarlos al disponer de sus bosques y ríos para favorecer a la economía de la globalización: empresas mineras, petroleras, agricultura industrial, etc. Esos son generadores de riqueza para el país, entiéndase el gobierno, pero no para la población local que requeriría de otras medidas para su desarrollo.
Esta preocupación internacional sobre la situación indígena en el Perú, es relevante porque la discriminación étnica, ya antes del 5 de junio, compromete uno de los derechos humanos, a no ser discriminado por razones raciales, culturales o de orientación sexual. Y ese derecho humano está siendo obviamente violado por el conjunto de la sociedad peruana, pero también por los gobiernos, que son producto de esa sociedad. Las reacciones exacerbadas, pidiendo venganza, inferiorizando y calificando a la gente awajún de “salvajes y crueles” son prueba de ello. Hablan como si no hubiera habido una sobrerreacción militar, muy evidente en el abuso de poder, con la intervención de al menos una tanqueta y helicópteros, que es responsabilidad del Gobierno Peruano. Es decir, como si el estado y la sociedad peruana no fueran capaces de violencia y hasta de aplaudirla y sentirse satisfechos.
Si algo se deja confirmar una vez más sobre la estructura social del Perú es entonces que la sociedad se organiza por una estratificación étnica de exclusiones jerarquizadas. Y eso significa que consciente o inconscientemente estamos siendo administrados por el racismo.
Lo llamativo, para quien analiza los antecedentes, es que los gobiernos del Perú, desde la década del cincuenta, hayan desistido de cualquier política social, y por lo tanto se han contentado con convivir con el racismo en todas sus formas y al hacerlo se han hecho cómplices, porque no han querido revertir el estado actual de las cosas. No conozco ninguna campaña oficial antirracismo en el Perú, ni del estado, ni de los colegios profesionales, ni de las universidades, ni de la fuerza armada. Sí ha habido muchos proyectos de la cooperación internacional que han trabajado el tema de la exclusión y también la iglesia tuvo una campaña “Compartir” y muchas declaraciones sensatas y oportunas. Esto no quiere decir que el racismo o su forma cultural, el etnocentrismo, hayan sido políticas expresas de gobierno, eso sería ir muy lejos, pero cuando se ha tratado el tema de la exclusión, esto ha sido de una forma más bien tímida como parte de las políticas de estado, por ejemplo, en los sectores de educación y salud, con resultados nulos o insignificantes, y que fácilmente entran en contradicción con las políticas de otros sectores.

II. La pobreza es una visión externa
La diferencia entre riqueza y pobreza, en términos económicos, que para el mundo occidental es muy evidente, sin embargo no se aplica a los pueblos indígenas amazónicos, sino solo en relación con la economía de mercado y con la sociedad nacional. Como es sabido, en las lenguas indígenas la palabra pobre, si existe, se refiere a estar desvalido, es decir, a ser huérfano, a no tener parientes o sufrir algún impedimento físico. En sociedades como éstas donde la herencia no existe y no hay forma de acumular bienes, que todos producen más o menos lo mismo y que todos trabajan físicamente para sostenerse, la diferencia entre ricos y pobres no tiene ningún sentido ni aplicabilidad. Es más, en muchos pueblos existen además costumbres que nivelan las diferencias personales en talento o habilidades de la caza, el producto más importante en los intercambios de presentes, impidiendo, por ejemplo que el cazador consuma de su propia presa, de manera que tiene que regalarla, y comer de lo que a él le regala. Esta costumbre se relaciona con los alter egos animales que tiene la humanidad, y que trataremos más abajo.
En consecuencia, para los pueblos indígenas amazónicos solo se puede ser pobre o rico en relación con otras culturas y otros estándares de vida: “Así nos ven”, dicen. Pero ellos no se ven pobres en sus casas aireadas, que no son de material noble, sino de finas maderas, y con techos de hoja de palmera, que echan sombra fresca, a diferencia de la calamina, que irradia calor. Y toman el agua de sus quebradas y no de tuberías y con cloro. Hay países como Alemania que no usan cloro en su agua potable porque cuidan sus fuentes de agua, pero lo que allá es una cualidad aquí es un defecto. El problema es que esos otros estándares generalmente han sido generados en otros ambientes y sistemas ecológicos y resultan poco aplicables en la Amazonía, o son objeto de resistencias culturales y otros problemas adicionales. Hay que cuidar que no sean además humillantes y que descalifiquen al otro. En mi caso he llevado agua de las quebradas de mi comunidad de Shintuya en Madre de Dios a analizar a la OPS y el resultado fue que estaban asombrados de la calidad de esa agua, que era casi potable, a pesar que la guardé 15 días antes de llevarla para que la analicen, pensando que era la causa de las diarreas. De manera que mi discurso que era la mala calidad del agua lo que causaba las diarreas tuve que tirarlo al trasto de basura.
Es necesario además caer en cuenta que los procesos que generan la pobreza se dan en la relación con la sociedad nacional, y es ésta la que induce la pobreza real de estos pueblos, por ejemplo porque:
· Los servicios públicos de salud y educación no son pertinentes desde el punto de vista cultural y la gestión de la educación con contratos de 9 meses para los maestros genera una inestabilidad laboral que impide cualquier mejora pedagógica. En todo se impone la lógica de estado: en el currículo unitario (que se dice que es diversificable pero no lo es), en la formación unitaria del docente y en los materiales didácticos. De esta manera el estado se apropia de la educación y escamotea el derecho de los padres a criar a su manera a sus hijos. Y ahora quieren imponer la educación inicial para que todo empiece más temprano todavía. Si se quisiera hacer las cosas mejor, eso demandaría una gran inversión.

· La legislación no reconoce legalmente los servicios educativos y de salud comunales que surgen de la iniciativa propia y así se invisibilizan; pero existen y las comunidades logran todavía que sus hijos sean miembros plenos de su cultura. Es decir, tienen mucho más éxito que los servicios estatales. Pero sus logros no son reconocidos: no hay un sistema de certificación profesional en base a la educación comunal, por ejemplo como guía de río o de bosque. Recordemos asimismo que el 90% o más de pacientes en el Perú acude a la medicina tradicional y no al médico. Pero solo la medicina académica está reconocida legalmente, la otra solo se la tolera y a veces se la persigue.

· La cultura predominante constantemente inferioriza a las culturas indígenas, a sus sistemas de conocimiento y a sus sistemas de validación de conocimiento, y en consecuencia los subutiliza o ilegaliza (no reconoce el ejercicio de la medicina tradicional; somete la comprobación de los efectos curativos de las plantas medicinales a procesos sumamente costosos y totalmente en manos de la industria farmacéutica, que resultan en un provecho económico mínimo o nulo para los indígenas que dieron la idea inicial); de esa manera se impide que los pueblos indígenas puedan vivir de lo que realmente saben hacer y que el mundo demanda, pero el Perú no reconoce y facilita su uso.

· La estructura de mercado es etnocéntrica y eco-céntrica; los productos artísticos de los pueblos indígenas amazónicos no tienen demanda nacional y los productos comestibles amazónicos tampoco. Por lo tanto su precio es muy bajo en el mercado. Eso parece un hecho neutral, pero no lo es. Porque es el resultado de la política educacional del país: nadie sabe nada de los pueblos del país. Nos desconocemos, y por lo tanto no podemos apreciarnos y menos pagar un precio justo por lo que no conocemos ni entendemos.

· La legislación no protege efectivamente sus territorios, recursos y propiedad y por lo tanto no pueden movilizarlos como su capital para la construcción de su propio futuro. En la Amazonía no es el suelo, ni el terreno lo valioso, no se entiende por qué la legislación habla de suelos, cuando es el bosque parado el que vale. Este es el punto principal, porque la identidad de un pueblo y de su gente está en sus bosques y sus ríos. En el mundo occidental las personas reciben su identidad solo de la sociedad en que viven, en los pueblos indígenas la identidad es doble: hay una social y otra natural, un alter ego (otro yo) que vive en el monte. Desde su conformación como personas, pues tienen los elementos para manejar adecuadamente el medio ambiente, y su salud y bienestar psicológico depende de esa interrelación. Esa es la relación especial con los bosques y ríos que ya hace más de cincuenta años la ciencia (no solo la antropología), las instituciones internacionales, las empresas y todo el mundo reconoce y respeta, quizá porque en el futuro vamos a tener que implantar algo así para todos.

· Sus territorios ancestrales son convertidos en un mosaico de territorios mínimos de supervivencia, por medio de una traducción del derecho consuetudinario a un derecho comunal, y el resto del territorio es declarado “de libre disponibilidad por el estado” para colonizaciones o concesiones forestales, concesiones mineras, petroleras o agricultura industrial. Pero los indígenas no han sido debidamente consultados ni compensados, lo que equivale a un despojo legalizado. Esto, a pesar de que el Convenio 169-OIT les confiere un derecho sus tierras y sobre el subsuelo, y por lo tanto participación en la ganancias. Pero el estado prefiere no normar la aplicación del Convenio y así quedarse con todo y disponer a su antojo de los ingresos; eso lo llama “soberanía”. Pero es la forma como se genera pobreza donde antes no la había.

· La carencia de una institucionalidad democrática suficiente invisibiliza a los pueblos indígenas dentro de la administración pública, y no permite que existan las instancias de autogobierno de pueblo que tomen las decisiones correspondientes sobre sus recursos, sistema de salud, educativo y de derecho. Las comunidades nativas, por así decirlo flotan en la nada, no son parte de la administración pública, ni distrito, ni provincia ni región, ni nada, tienen que valerse por sí mismas. Si a algo se parecen es a una organización sin fines de lucro (ONG). Claro que se diferencian de las ONG, porque tienen sus tierras, pero solo las de aptitud agrícola, que será el 2 o 3% de lo que ocupan, el resto lo reciben como cesión en uso forestal, es decir prestado. Y casi ninguna está inscrita en Registros Públicos, de manera que no tienen asegurada su propiedad.

· Esto es, donde tenemos regiones, departamentos y municipios, también se requiere un ámbito administrativo de pueblo indígena. Mientras el mundo admira que los pueblos amazónicos hayan manejado de forma sostenible el bosque, - si no estaría como está, porque todo está manejado, en el Perú no les damos la oportunidad de manejar el bosque de forma ambientalmente adecuada y por lo tanto no aprovechamos de sus conocimientos y habilidades, justo en un punto donde el mundo necesita a los indígenas para frenar el cambio climático o al menos mitigar sus efectos. Es decir el Perú no está cumpliendo con su misión estratégica de conservar el medio ambiente, por falta de visión de sus gobiernos. Y eso es motivo de preocupación también en los organismos internacionales y puede provocar reacciones fuertes.

· La traducción del derecho consuetudinario al derecho comunitario distorsiona por lo tanto los derechos reales y los minimiza. Resultado: impedimos que la creatividad de los pueblos produzca su propia forma de desarrollo, en interacción con la cultura universal. Cuando alguien se defiende, se inmoviliza y no puede desarrollarse libremente.

· Los procesos de planificación pública no son conducidos desde la perspectiva de un pueblo indígena, y por lo tanto los proyectos y obras que generan son tangenciales a la perspectiva de pueblo. El Convenio 169-OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas son boicoteados a pesar de los Presupuestos Participativos, porque allí se trata de la ejecución de obras de estado, no de planificar el destino de los pueblos indígenas y de proveerlos para su futuro. En consecuencia no se cumple con la legislación internacional.
· El Gobierno Peruano no ha creado un solo proyecto de desarrollo que apoye a los indígenas amazónicos: todos los proyectos que apoyan a los indígenas amazónicos son de la cooperación internacional o bilateral. Eso es también una forma de discriminación.

· El interés público está definido por proyectos nacionales etnocéntricos, que se orientan y ponen al servicio de la globalización como cultura del poder. Todo el sistema educativo peruano, por ejemplo, es etnocéntrico, porque lo que el Ministerio de Educación practica y considera de interés nacional es que todo peruano adopte la visión científica del mundo y la fe católica. Ese es el bagaje cultural mínimo de cada ciudadano peruano debería tener.
Esto es surrealista, porque está totalmente alejado de la realidad peruana y mundial. En los centros de producción científica y tecnológica se vive desde los años ochenta una situación particular. Las reflexiones sobre epistemología (la teoría del conocimiento) han cuestionado el fundamento racional tradicional de la ciencia y por lo tanto estamos en una etapa de transición y de cambios. Los modelos de ciencia se orientaban tradicionalmente por la mecánica de la física, pero hoy día la biología y la ecología, que se ocupan del sistema de vida del Planeta Tierra generan otros modelos y concepciones, al igual que algunas ciencias humanas. La ecología, por ejemplo ha generado la política de conservación como la antropología ha generado a la política intercultural. Solo que la casta política en el Perú parece no haberse enterado de estos cambios.
Sería una locura deshacerse de la ciencia y de la tecnología, pero tampoco podemos confiarnos de ellas: el diálogo con otras culturas y otras posibilidades de ordenar y generar conocimiento están abiertos. Esta sería una gran oportunidad para el Perú, para fomentar una investigación intercultural, pero el Ministerio de Educación no ha seguido estas sugerencias e insiste en su currículo monolingüe y monocultural con foto del Presidente de la República, y ya se olvidó de la propuesta de un currículo nacional intercultural del 2003.
De otro lado, la idea que la nación pueda encontrar su punto de encuentro en una fe o una moral, cualquiera sea ésta, es imposible de alcanzar en un país multicultural, ni quinientos años después de la conquista. Además es una idea totalmente superada desde la Revolución Francesa. Un estado necesita ciudadanos y no creyentes.
El diálogo intercultural abierto a la comprensión y el aprendizaje mutuo son la única opción de constitución de un modo de convivencia, por lo que insistir en otras vías es solo pérdida de tiempo y voluntad de fracaso, a sabiendas. Eso significa que todos los peruanos tienen que aprender a tomar distancia de sí mismos, a suprimir sus reacciones emocionales inmediatas, para poder pensar por el otro, ponerse en su lugar. Y solo a partir de ese momento, de la empatía con el otro, es que somos políticos con un enfoque intercultural. Todo lo previo no son sino auto justificaciones – cuando nos atrincheramos para defendernos en nuestra cultura y nuestra moral. Pero eso no sirve de nada porque no hace progresar el diálogo y solo el diálogo puede llevar a la comprensión y a los acuerdos. Hay que recordar que sentirse dueño de la razón no es ser dueño de la razón; es casi su opuesto. Los consensos hay que construirlos, no imponerlos. El ejercicio de la autoridad, de donde venga, legal, eclesiástica, etc. no es un buen consejero.
En el Perú el enfoque intercultural no ha sido asumido por los organismos del estado sino de manera muy superficial e incipiente. Véase lo que ha hecho el sector salud, por ejemplo, para esconder sus mismos programas de siempre, bajo ropajes interculturales nuevos. No he visto un programa de salud, que parta del sistema indígena, y que ubique allí el lugar de apoyo de los servicios estatales o cuando es necesario abrirse a otras medicinas. Ese sería el enfoque correcto.
· La propiedad intelectual colectiva de pueblo indígena puede registrarse solo para una fracción de sus conocimientos, para los usos de recursos bióticos, y esto de manera bastante restrictiva, solo si no ha sido estudiada antes, cuyos autores, con poquísimas excepciones se apropiaron o plagiaron conocimientos indígenas. Pero sus conocimientos sobre terapias, manejo ambiental, manejo de especies, la literatura oral, el diseño y artes no están protegidos. Actualmente, por ejemplo, el uso de los diseños shipibo por quien se le venga en gana es totalmente abusivo. Por lo tanto el uso de estos conocimientos e ideas está expuesto al plagio y no representa ningún capital. Y por supuesto son pocos, muy pocos los esfuerzos de quienes los han puesto a trabajar para los pueblos indígenas mismos. Pero este es el reto para la sociedad peruana.
Hay que señalar que para la ciencia el conocimiento, la tecnología indígena y el diseño indígena es el mayor aporte de la sociedad nacional a la cultura universal, y este podría ser fuente de riqueza si se le protege y desarrolla adecuadamente. La investigación científica intercultural debería ser la fuerza productiva principal del país, pero el negocio de las universidades está en formar a jóvenes que necesitan integrarse a la vida económica del país o del extranjero y así casi no hay espacio para la investigación ni para ocuparse del desarrollo del país. Pero casi todos los gobiernos no se han dado cuenta, que la tecnología indígena es casi lo único que tenemos y los que se dieron cuenta se enfrentaron con tal avalancha de críticas, que finalmente desistieron en el intento.

III. Profundizando algunos temas
· En consecuencia, el estado no ha creado las condiciones legales y reales para una mejor articulación de la diversidad cultural a la sociedad mayor y al estado. Las carencias de los servicios públicos y la legislación inadecuada o tendenciosa los ve luego reflejados en las estadísticas de la pobreza, pero como si fueran las circunstancias de vida de esas personas las responsables de su pobreza. Esto implica un traslado de responsabilidad del estado a los pobres, que en este caso es un espejismo. Reconocer esto es importante, porque significa ubicar correctamente las causas de la pobreza, si queremos hablar de ella y luego combatirla. La pobreza no se ubica en las características culturales de los pueblos, sino en las condiciones legales y reales perversas que impone el estado y la sociedad peruana a la convivencia con los pueblos indígenas.

· Esto quiere decir, el problema fuerte no son los pueblos indígenas, sino las sociedades y los estados en que viven.

· Obviamente hay condicionamientos adicionales a revertir en los mismos pueblos indígenas, si se quiere superar la pobreza, entendida como modo de articulación deficiente o que inferioriza al pueblo indígena. Una de esas condiciones es el desconocimiento de las opciones positivas para la convivencia y el desarrollo que sí ofrece la cultura occidental. Otra es la necesidad de contar con una visión y formas de organización propia para generar su propio desarrollo, con o sin reforma constitucional, para generar equivalentes a regiones que correspondan a territorios indígenas o a las alianzas políticas que ellos propongan hacer. Es decir, la división política del país tiene que hacerse con criterio geopolítico, de quién quiere con quién y cómo. El uso de criterios geográficos y económicos exclusivamente lleva a unidades políticas inviables; ese ha sido el error de los procesos de descentralización y hay que corregirlos. Es lógico que la división política se base en criterios políticos, y los pueblos indígenas son unidades políticas que es necesario considerar.

· Es necesario también reconocer que la autonomía de pueblo no es solo un acto jurídico, la autonomía de pueblo se construye en el ejercicio cotidiano de la reflexión crítica. Eso implica compensar el déficit de planificación a futuro de los pueblos indígenas tradicionalistas, y que esos procesos deben ser autónomos. Sin procesos de planificación estratégica autónomos no se satisface el mismo concepto de desarrollo. El desarrollo impuesto no es desarrollo; con-vencer no es convencer.

· En conclusión, en el Perú la estratificación social sigue siendo étnica, y esto lo confirma la experiencia por todos lados. La sociedad peruana sigue siendo administrada por el racismo, que es un pésimo administrador porque inferioriza, deprime y despotencia. El racismo es una de las causas profundas de la pobreza en el Perú.

· Este ha sido y es un tema delicado en el Perú, que hiere muchas sensibilidades. Parte del problema es que la opinión pública peruana carece casi totalmente de cultura antropológica, porque en el Perú se enseña en las escuelas algo de las culturas ancestrales, pero nada de las actuales.

· En el Perú, el derecho tradicional indígena lo traduce la Constitución a un derecho comunitario moderno, y esa traducción a las comunidades campesinas y nativas es sumamente deficiente, puesto que no refleja los derechos reales, que son los ancestrales y que anteceden a la creación del estado peruano, y que sí reconoce el Convenio 169-OIT y también algunas constituciones políticas anteriores. El derecho peruano recorta y distorsiona el derecho consuetudinario y divide a un pueblo en comunidades. Por ejemplo, reduce el territorio de un pueblo que permitía una planificación espacial y el manejo ecológico de los recursos, a un área de supervivencia mínima de un asentamiento de un pueblo indígena, que se convierte por ficción legal en comunidad, como si un asentamiento fuera una unidad política de un pueblo. Pero lo cierto es que los asentamientos indígenas siguen su propio patrón de asentamiento cultural. La dinámica poblacional indígena no se deja traducir a estas comunidades estrechas. Y así se seguirán partiendo y creando nuevas ad infinitum.

Pero peor es cuando se sedentarizan. No es así que entonces empieza el progreso, porque ahora tienen escuela y posta médica. Lo que empieza es que una comunidad sedentaria acaba pronto con los recursos de su entorno inmediato y se empobrece y se desnutre. En otras palabras la pobreza la induce la legislación peruana y su equivocada traducción a un derecho comunitario.
La intención política en el momento de creación de las comunidades nativas fue darles territorios mínimos de supervivencia, y declarar el resto de “libre disponibilidad para el estado”. Tal libre disponibilidad es por supuesto ficticia, y esto lo sabe todo el mundo, incluyendo a los organismos internacionales que guiados por el estado actual de conocimientos sí reconocen los territorios indígenas ancestrales. Todos sabemos que las comunidades cazan, pescan y realizan sus migraciones tradicionales fuera del ámbito de sus comunidades, porque los necesitan. En consecuencia hay problemas con la creación de áreas de conservación, con concesiones forestales, mineras y de todo tipo, porque se genera superposición de derechos.
El hecho es que la minimalización de derechos “a la peruana” no puede impedir que las empresas y las instituciones internacionales sí reconozcan los territorios indígenas tradicionales porque tienen que dar cuenta del cumplimiento de los tratados internacionales ante sus países de origen y sus accionistas.
El asunto se agrava para los pueblos indígenas cuando empieza la extracción maderera, del petróleo, la minería aurífera, la venta comercial de carne de monte y peces secos y salados en las comunidades. El mercado succiona los recursos, que debían de usarse para su propia alimentación de manera sostenible, y se malbaratea el resto. Al final los indígenas se quedan sin recursos y sin dinero. En otras palabras, la mala inserción en la economía de mercado y de la globalización es la que produce pobreza.
· Antes de eso, los pueblos indígenas no eran ni ricos ni pobres, la oposición no se aplicaba en una economía tribal, como hemos dicho, porque no hay acumulación, cada familia produce más o menos lo mismo y todos trabajan manualmente para su sustento. Y sin medios de acumulación nadie puede tener más que otros y todo lo que dispone una familia depende de su trabajo; no puede heredar nada. Y por eso es que la aplicación de estos términos es inadecuada para los pueblos indígenas con economía tribal.

· Pensar que son pobres es sumamente etnocéntrico y hasta ecocéntrico, es decir, no toma en cuenta que cada sistema ecológico tiene formas de adaptación humana propias, una lógica propia que no se puede trasladar de un sistema a otro, porque allí carecen de uso o sentido las facilidades o bienes que se toma por indicadores de pobreza o riqueza. Por eso las organizaciones indígenas no se cansan de reír y protestar contra los indicadores de riqueza y pobreza que usan los estándares de medición de calidad de vida nacionales e internacionales. Ese tipo de pobreza, es una pobreza inducida de fuera, que no les va ni les viene. Su lucha es otra.
· ¿Cómo ven la situación los pueblos indígenas? Pues, que evidentemente han sido despojados de sus territorios y recursos, y que eso genera en su forma de pensar educada para el intercambio equitativo, una deuda. La deuda no es solo económica, el tema económico es un tema derivado de otro principal, que es político. Desde la Bula del papa Alejandro VI, el papa Borgia, que despojó a los pueblos de América de su autonomía y donó la integridad de los territorios americanos en nombre de Dios a los reyes de Castilla y Aragón y a sus descendientes por todos los siglos, creando así un nuevo estatus jurídico, recién la última Declaración de la Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, que el Perú ha firmado, vuelve equilibrar esta situación otorgándoles la autonomía de pueblo.

· Todo el enfoque de reducción de la pobreza trabaja por lo tanto con una pobreza inducida, que depende de la anexión a la economía de mercado, y que por lo insignificante de la anexión, no es mayormente asumida por la población indígena y no cambia la visión que tienen de sí mismos como gente auto suficiente. Decimos que son pobres porque no tienen una educación universitaria, o porque no pueden hacerse préstamos bancarios, y efectivamente, es así, pero eso no decide su horizonte de vida.

· Muchas veces sin embargo, son pobres porque se invisibiliza sus soluciones a la vida y sus instituciones. Por ejemplo: son pobres porque no van a la escuela pública, pero dejamos de lado la educación familiar y comunal que sí tienen, y que sí produce miembros productivos válidos, y que podría convertirse en una educación privada, si se la fomentara adecuadamente con un poquito de esfuerzo y convicción. Nadie puede enseñar a ser curandero, por ejemplo, sino un pueblo indígena. Decimos que no tienen servicios de salud, pero olvidamos que más del 90% de los pacientes indígenas, y también de los no indígenas, acuden a un curandero, y que sí tienen uno de los servicios de salud más efectivos y mejor estudiados del mundo. Y en las ciudades peruanas “todos” nos auto medicamos y eso no se considera pobreza.

· A nadie se le ha ocurrido pensar que un joven indígena sabe de memoria decenas de horas de su literatura oral, pero que si encontramos a un solo ciudadano en el mundo hispanohablante que sepa de memoria el Don Quijote, sería un milagro, pero nos atrevemos a llamar iletrados a los indígenas, porque no saben leer y escribir, mientras que nuestros letrados, si saben llenar una ficha en un aeropuerto es mucho. El indicador de cultura es la forma de transmisión de cultura, no el contenido de la cultura. Y entonces uno se pregunta: ¿No estaremos siendo muy unilaterales en el uso de indicadores?

Es curioso que la ciencia esté tan interesada en el conocimiento y evaluación de las plantas medicinales y de la conducción sico-somática de la enfermedad indígena, pero que no se considere pobres a todos aquellos en el mundo occidental, que teniendo síntomas sico-somáticos no tengan un curandero a su costado para ayudarles en ese trance, en el que muchas veces su medicina académica no puede ayudarles. El tratamiento sico-mágico hay que compararlo con el efecto placebo y con el efecto nocebo. Los antibióticos con las plantas medicinales por ejemplo – hay que mantener la equidad en las comparaciones. Y si procedemos así, veremos que el éxito depende del tipo de terapia para este síndrome, más que de quién la aplica o de las ideas que se hace al respecto.

· Como es fácil reconocer, entonces todo el tema de la supuesta pobreza de los más pobres, los indígenas, está manipulado, y que si se hiciera una evaluación limpia de etnocentrismos, entonces saldría a relucir que las sociedades tienen su sistema de salud, su sistema educativo, sanitario, patrón de asentamiento, etc. para sus propósitos y con sus niveles propios de inversión de trabajo ­ — y que todavía tienen poca comprensión e intercambio con los otros sistemas. Esto significa, que estamos inmersos en una gran negociación intercultural de patrones de vida culturales. Pero que ese diálogo está deformado por declives de poder material, que pretenden con-vencer al otro, de quién tiene las mejores soluciones para la vida. Parte de la estrategia es inferiorizar al otro y hacerle creer que tiene menos o le falta algo.
Como se constatará fácilmente no estamos en realidad tratando el tema de la pobreza, sino un tema más profundo el tema de los derechos de la gente, y estamos tratando el tema del derecho a la no discriminación, que es uno de los derechos humanos. Las organizaciones indígenas no están reclamando mejores ingresos o un cambio de calidad de vida, están reclamando sus derechos. Curiosamente, nuestros proyectos quieren mejorarles la calidad de vida, pero no darles sus derechos.
Mientras más concesiones forestales, mineras, petroleras se sobrepongan a sus territorios que solo en el imaginario legal peruano son de libre disposición, pero que el resto del mundo, ve en ellos territorios indígenas y un derecho colectivo sobre ellos, la situación de riesgo de los pueblos indígenas se incrementa. Y lo mismo es cierto para la exploración y explotación de petróleo, que trae epidemias que afectan a miles, derrames constantes de las tuberías, riesgos porque se sigue vaciando las aguas de formación en los ríos.
· Los gobiernos peruanos piensan que si el estado asume los riesgos, favorecen la inversión, pero eso no es así, porque someten a las empresas a constantes presiones sociales y de opinión pública mundial, que muchas veces las obligan a retirarse, por la incapacidad del estado de asumir y corregir esos riesgos.

· 35 años de trabajo de campo nos autorizan a hablar no solo a nombre de esta experiencia y la de instituciones públicas y privadas con las que trabajamos, sino también a nombre de la ciencia, es decir que a diferencia de los políticos, que producen verdades sociales, que son verdades de consenso, y otros grupos como la prensa que simplemente pueden reflejar todo, desde la opinión personal valiente de un periodista hasta la de un grupo de interés, la ciencia pretende ser más objetiva. Todos tienen derecho a expresar su opinión, pero la forma cómo se constituye cada opinión merece un análisis.
IV. Cómo combatir la pobreza
El hecho es que sería facilísimo combatir la pobreza y la pobreza extrema, si existiera la voluntad política y la decisión para ello.
La pobreza que se corregirá no está referida a los rasgos culturales indígenas, sino a los nexos con la cultura occidental, porque es allí donde se genera y puede corregirse la pobreza.
1. La primera recomendación es escuchar a Hernando de Soto y aplicarlo a los pueblos indígenas: hay que capitalizar a los que tienen derechos y propiedades sin reconocer legalmente: Denles sus bosques y sus ríos a los indígenas, que ellos dispongan y planifiquen a su manera de ellos. El argumento no es solo reconocer derechos ancestrales, que ya los tienen reconocidos, sino hacerlos efectivos para evitar la pobreza. Si los pueblos indígenas no pueden disponer de su capital, son los gobiernos los que se hacen cómplices de la pobreza.

2. Los pueblos tienen que poder aprovechar económicamente sus conocimientos y sus creaciones, los mejores del mundo en materia de sus recursos y manejo de sus sistemas ecológicos, y necesitan de garantías para eso.

3. El llamado mestizaje o chocolatear a todo el mundo para emparejar a todos no parece ser una buena estrategia ni para crear conciencia nacional ni para fortalecer la economía de país, porque en lugar de fortalecer las ventajas comparativas de cada grupo social y cada cultura para su propia versión de desarrollo, las debilita y les quita o desconoce lo único que tienen para construir su futuro. Así solo producimos más pobreza. El estrategia es reconoce distintos tipos de desarrollo e interconectarlo – ponerles reglas de tráfico.

4. La unidad de los pueblos en un estado solo puede darse conociéndose y respetándose, dialogando y tomado acuerdos. Que yo sepa entre los distintos pueblos indígenas hay más entendimiento que entre el gobierno y sus pueblos. El diálogo intercultural es constitutivo para todas estas sociedades multiculturales, pero también para los estados que conforman: tienen que revisar su legislación con un enfoque intercultural, y esa es una gran tarea para el futuro. En la legislación actual tienen los jueces tienen que tomar en cuenta la ética de cada pueblo;

5. Hay que superar el etnocentrismo científico y religioso. La ciencia no es la dueña de la verdad, ni mucho menos cualquier sistema de creencias religioso. El sistema educativo no puede basar la identidad nacional en esos dos componentes, porque no se puede basar la convivencia en una unidad que no existe ni va a existir, esto es en propuestas nacionales etnocéntricas. Hay que tener presente que la ciencia ya no representa un conocimiento objetivo culturalmente neutral, es la propuesta de la modernidad para la empresa de la modernidad, y está cuestionada por la propia epistemología contemporáneo por eso. Por lo tanto, hay que cultivar un sano perspectivismo intercultural. Es necesario reconocer la medicina y la educación de pueblo indígena, fortalecer su institucionalización. Se acabó el privilegio de la medicina académica. La legislación sigue siendo fundamentalista, mientras que el pensamiento universal ya se dinamizó y creció y se fortaleció con el diálogo intercultural.

6. El potencial de desarrollo en el Perú está en los conocimientos indígenas. Lamentablemente las culturas mestizas no han sido productores de tecnologías ni de sistemas de conocimiento; son mayormente epigonales, aunque en algunas ramas de la cultura de consumo tengan también sus aportes (la cocina criolla). Pero recuerden que lo que sabe el mundo occidental del manejo y conservación de recursos es un remedo del conocimiento indígena, ligeramente adaptado a las necesidades de planificación occidentales. Si no lo saben, lean la carta del jefe Seattle al Presidente de Estados Unidos.

7. No hay desarrollo sin un proceso de decisiones autónomo; si el desarrollo es concebido y planificado por otros no es desarrollo, se llama imposición, por más bien intencionada que sea. El Convenio 169 – OIT les da a los pueblos indígenas el derecho de planificar su propio desarrollo en su artículo 7°. Eso supone planificar con perspectiva de pueblo indígena, y no con la obras de estado o intereses políticos partidarios. La perspectiva de pueblos se basa en el objetivo espontáneo de toda sociedad humana: seguir existiendo en el tiempo. Ese objetivo es el que rige sobre sus alianzas matrimoniales, política poblacional, económica, cultural, de salud, etc. Si se avasalla a un pueblo, entonces se está generando su pobreza.

8. Denle a los indígenas la propiedad intelectual sobre sus usos de los recursos y los recursos genéticos transformados en sus chacras, así como sobre sus creaciones artísticas y de todo tipo. La inscripción legal no debe estar manipulada para reconocerles lo mínimo, incrementando el acervo común no reconocible, sino por el contrario, darles lo máximo posible, porque queremos que usen su propio acervo cultural para producir. Las descripciones previas, no hechas por indígenas, sino por ejemplo por científicos no son aportes de los científicos, ellos solo registran lo que los miembros de los pueblos les comunicaron, a veces inclusive sin su autorización. Y lo mismo vale para la música y los diseños pictóricos. El recopilador no es el autor. Además las recopilaciones no indígenas no están puestas en el contexto de los sistemas de pensamiento indígena y por eso están desfigurados.

9. Generemos una cultura de la propiedad intelectual al alcance todos, que cualquier idea con un boceto, sea inscribible por un monto mínimo. Si se quiere capitalizar hay que reconocer y promover la inscripción legal, porque solo así garantizamos la posibilidad de uso, sin que nos roben la idea.

10. Articulen la unidad política de pueblo indígena a la administración del estado: reconozcan su existencia política. Pueden articularse a nivel de municipios inicialmente y luego como subregiones o regiones. De hecho los derechos que demandan requieren de políticas de salud, educación y desarrollo propias, por eso tienen que tener finalmente las atribuciones de un gobierno regional. Todas las democracias inteligentes actúan así: reconocen los derechos para integrar a sus ciudadanos. Sin ciudadanos integrados no hay unidad política de país. Y eso significa reconocer e integrar derechos colectivos.

11. Obviamente la economía de un país no puede crecer si no arregla sus asuntos internos. No se puede confiar solo en la economía globalizada: hidrocarburos, agricultura industrial, minería, etc. Estas no abastecen ni abastecerán la demanda de trabajo, por lo que se necesita de otras formas de trabajo, y estos grupos humanos tienen su visión de futuro y lógica propia. ¿Cree alguien acaso que las industrias están creando plazas de trabajo bien pagadas que sustituyan las economías indígenas de autoabastecimiento? Hay que recordar que estamos hablando de un 40% de la población peruana.

12. Se requiere de un sistema de financiamiento de proyectos locales. Actualmente los proyectos de la cooperación internacional saltan en la brecha y cubren una parte de la demanda, pero se debería crear un sistema de financiamiento nacional, no necesariamente estatal. En el Perú hay capacidad de producción, conocimiento y tecnología para la transformación, y capitales, pero todos están desenchufados; hay que conectarlos y ponerlos a trabajar. Pero con respeto por las formas de trabajo indígena y por el medio ambiente.

13. La propuesta de desarrollo indígena es intercultural, a través de todo el ciclo productivo, en la producción, transformación y comercialización. Por lo tanto se necesita un soporte tecnológico apropiado.

14. El desarrollo de la infraestructura de estado: electrificación para que puedan desarrollar pequeñas y medianas industrias en centros urbanos pequeños.

A la ahora de promover desarrollo no se trata obviamente de recortar los derechos consuetudinarios para que las industrias de las empresas petroleras, mineras, madereras y la industria agrícola puedan explotar suelos y extraer los recursos y pagar sus impuestos al estado, y nada más. Si fuera así, lo que está creando el estado no es sino un círculo de la pobreza y pobreza extrema.
El camino para superar la pobreza es muy fácil de seguir, pero exige tomar algunas medidas fuertes, tanto de orden económico como político: una reingeniería de la sociedad peruana y como consecuencia una reingeniería del estado, que es una expresión de esa sociedad peruana. Si la expresión está distorsionada, es decir la voz de la gente va por un lado y la del gobierno por otro, allí hay un problema de gobernabilidad, pero no se le puede culpar a la población. Estamos cansados de los gobernantes quejándose de sus gobernados. Quien finalmente es la que manda es el pueblo, porque es el que construye su futuro, y las políticas inadecuadas a sus propósitos que manifiesta tomando decisiones prácticas, simplemente desaparecerán.
Las negociaciones de las organizaciones indígenas con las empresas petroleras y con mineras obviamente serán duras, muy duras, en el futuro. No siempre han sido así. En parte se han endurecido por las terribles experiencias con las empresas, pero también porque el estado defiende obviamente más a las empresas que a sus pueblos. Muchas decisiones de estado han empeorado la capacidad de negociación de las comunidades y sus organizaciones y por lo tanto las han enfrentado y las posiciones se han endurecido.
Finalmente este es un ejercicio en democracia participativa y de diálogo intercultural.
V. Conclusiones:
1. Sí se puede cambiar el país, pero eso requiere cambiar las formas de interacción y comunicación en todos los ámbitos. Hay que corregir una socialización etnocéntrica por una intercultural, y generar confianza para que la comprensión y el aprendizaje de unos y otros sea posible.

2. El problema es rara vez el pueblo indígena, el problema es la sociedad nacional que integra e inferioriza a la vez a sus miembros.

3. No se puede construir un país sin reconocer los derechos de sus miembros, y eso incluye los derechos previos a la constitución del estado y los derechos colectivos de los pueblos indígenas. Más aún si se trata de derechos humanos como el no ser discriminado o de derechos inherentes a la persona, incluyendo el derecho a territorio como expresión o contraparte natural de un pueblo y de una identidad. Los derechos de autoría intelectual son también inherentes al concepto de pueblo, porque es aquello de lo que viven y lo que son. Si los derechos de los miembros de un estado no están reconocidos y practicados no tenemos un estado de derecho.

4. Hay que darle una forma política a la existencia de los pueblos indígenas, para que puedan determinar su desarrollo, economía, medio ambiente, cultura, salud y derecho. El equivalente en la estructura del estado actual parece ser una región o subregión. Pero debe estar articulada a la estructura del estado para que tenga capacidad de planificación y de decisión autónoma sobre sus asuntos. Una propiedad de tierras no es suficiente porque no tiene decisión sobre el uso ni capacidad de planificación.

5. Los pueblos indígenas tienen que ser dueños de su propio proceso, es decir planificar su futuro con autonomía. Esto es algo que pueden iniciar inmediatamente y sin esperar ningún cambio legal: está en sus manos.

6. El adoptar la planificación como instrumento ya constituye una innovación cultural para las sociedades tradicionales que tienden a reproducirse a sí mismas. El ejercicio de la autonomía política y cultural tendrá como efecto un desarrollo creativo en el intercambio con el mundo y la cultura universal. Solo sociedades amenazadas como están actualmente los pueblos indígenas se inmovilizan, se defienden y se vuelven conservadoras.

7. La pobreza la genera el mismo estado y toda la sociedad peruana. Los condicionantes fundamentales son el despojo legalizado de sus territorios, del uso del suelo y subsuelo, de su propiedad intelectual, del derecho de educar a sus hijos a su manera y sus propósitos, la ilegalización de su medicina. En consecuencia los proyectos que tratan de combatir la pobreza no van a tener resultados si no afectan las causas, sino solo sus efectos culturales como desnutrición, falta de ingresos, etc.

8. Dado que el enfoque de lucha contra la pobreza trabaja en el caso de los pueblos indígenas amazónicos con una perspectiva externa, que introduce una diferenciación conceptual, es preferible trabajar con programas de desarrollo indígena con autonomía.

9. No descartamos que una adopción de nuevos estándares de vida sean posibles y hasta deseables. En cierto modo ya lo están haciendo al usar relojes, zapatillas, ropa, motores y botes,… Pero esa adopción tiene ciertas condiciones. Por ejemplo, adoptar la lecto escritura como medio de transmisión de cultura es una decisión política de pueblo, y no es una estrategia pedagógica escolar. Si se confunden las cosas, los niños que aprenden a leer y escribir nunca usarán esa habilidad y se desmotivarán. Adoptar unas correcciones a su sistema sanitario puede ser necesario, pero para hacerlo hay que ver la necesidad dentro del sistema de salud indígena y plantearlo así, sobre el conjunto de medidas que promueven la vida del pueblo. Si solo se presenta la medida sanitaria propuesta con el efecto positivo, se está apelando a una lógica de pensamiento que no mueve su sistema de salud, con relaciones causa – efecto, que por supuesto conocen, pero solo para un pequeño grupo de enfermedades que son explicadas de esa manera.

10. La conducción del país necesita de una nueva ética intercultural. Si se entiende por ética las reglas y conceptos que nos permiten conducir la vida social, descubriremos que tenemos todos los elementos para ello en nuestro lenguaje cotidiano, pero que las instituciones y culturas escogen unilateralmente algunos conceptos como fundamentales para su visión particular de la vida. Esto es, simplifican las opciones contenidas en la lógica del lenguaje cotidiano. Por ello debemos recuperar la diversidad de opciones que contiene el lenguaje cotidiano y a partir de esas posibilidades ver cómo seleccionan las culturas sus modelos. Aquí algunos de esos conceptos que son útiles en la vida social: el reconocimiento de personas, cosas, procesos, cambios, la voluntad, la intención, los motivos y razones para nuestras acciones, el respeto a la persona, el prestigio y la dignidad de la vida (de todas las especies y del sistema), las distinciones que nos permiten discriminar acciones: bueno/malo, correcto/incorrecto, equitativo/inequitativo, justo/injusto, perfecto/imperfecto, normal/anormal, ordinario/extraordinario, amor/odio, deseado/rechazado,… y el principio de evitar el daño. Hay culturas que hacen de la equidad el valor central, otras del bien (y rechazan todo lo malo), otras del equilibrio entre el bien y el mal, otras dictaminan que todo extremo es malo. Muchas culturas introducen metáforas como comparaciones, con las cuales ver la vida, por ejemplo como prueba o como juicio, y otras tienen un concepto de otra vida que supuestamente es la solución a esta vida y otras lo rechazan.

En consecuencia, podemos ver las opciones como juegos para armar, y a partir de allí ver como cada cultura arma su juego de reglas. Así podemos meternos en la mente de otros como un juego de reglas. Debemos aprender a vernos así a nosotros por igual. Es a partir de este momento, de la empatía con el otro que empieza el pensamiento político. Que consiste en tomar en cuenta la visión y los intereses del otro. Y entonces empezamos a saber cómo negociar, en lugar de defendernos y apertrecharnos en nuestra cultura como en un fuerte. Recién a partir de la empatía con el otro podemos hacer pactos de convivencia respetando al otro y no avasallándolo, sea con razones, símbolos o armas.

11. Obviamente cuando nos vamos a las armas y al uso de la fuerza abandonamos el discurso racional; pero también hay que tener en cuenta que todo diálogo tiene que ver con la comprensión emocional y con el uso y el abuso del poder. Por eso el diálogo intercultural genera una ética propia: la perseverancia en la búsqueda de la comprensión y del acuerdo, la transparencia el rechazo de toda manipulación. Solo los resultados negociados y aceptados por las partes perdurarán, el imponer una solución aunque ésta sea la mediación entre posiciones, no lleva a buenos resultados, solo puede ser en el mejor de los casos una solución intermedia hasta que se retome el diálogo.

12. Estos días, al Gobierno Peruano y a la sociedad peruana le han faltado experiencia con el diálogo intercultural. solo el desconocimiento de las propias culturas puede explicar que se haya tomado una medida de fuerza desconociendo la naturaleza de los pueblos indígenas. Por lo tanto, tampoco podían medir las consecuencias de sus actos. Nuestros políticos, por lo general, han carecido de experiencia en el enfoque político intercultural: jamás se han puesto en el lugar de los pueblos indígenas y han dado pasos seguros para resolver su situación, como reconocer los derechos preexistentes, y a partir de allí negociar. Hay que pensar que los pueblos indígenas son el componente más antiguo y por lo tanto con más derechos preexistentes en el país. Son también lo más característico del Perú y los que mayores aportes han hecho a la cultura universal.

13. Las ideas que manejan los partidos políticos en el país, al igual que la opinión pública reflejan un enorme desconocimiento de la realidad peruana, y son claramente insuficientes para gobernar un país tan complejo como el Perú. Ideas políticas que fueron concebidas en los años 30 y cuarenta del siglo pasado son difícilmente aplicables sin muchas reformas; pero no bastan reformas, se necesita un esfuerzo mayor para conceptualizar soluciones para tener un país viable, que venza a la pobreza y así pueda movilizar sus fuerzas productivas con confianza y seguridad jurídica, sin el temor constante a abusos por el mismo estado. Si no se hacen las reformas no habrá paz social y sin reglas claras satisfactorias para todas las partes no hay convivencia, hay confrontación. En la creación de esas reglas claras para la convivencia debemos estar empeñados para poder enfrentar el futuro.
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* Lingüista, filósofo, antropólogo; catedrático en San Marcos, asesor o director de varios proyectos e iniciativas relacionadas con los pueblos amazónicos y autor de varios libros sobre el tema.

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