ÉTICA Y ESTÉTICA DE LAS LIBERTADES
Por David Roca Basadre
Por David Roca Basadre
En un cuento de Julio Ortega ("Adiós Ayacucho") – que figura en la muy recomendable antología de cuentos sobre la guerra interna [1] elaborada por Gustavo Faverón – me encontré con esto que comparto aquí. Hay en el relato un personaje secundario que se dedica a coimear en una dependencia, y que de eso vive, de tramitar con coimas para acelerar las cosas; o sea nada que no sea corriente entre nosotros. El personaje principal – que es alegórico como casi todos los personajes de esta historia – está obligado a permanecer con un antropólogo (imagen, a su vez, de la versión oficial de la guerra y del Ayacucho que ficcionó Vargas Llosa en su célebre informe sobre Uchuraccay) que, en una escena, se escandaliza de la actividad del coimero. Pero el sufrido personaje principal – que es un campesino muerto asesinado y medio ilustrado que viene a pedirle de vuelta sus huesos a Belaúnde, le dice esto: "Tu compañero de ciencias sociales – o sea el coimero - no es un cínico: es un hombre de éxito. Utiliza su condición de limeño y de conocedor de medio mundo para algo evidentemente inmoral en términos de la moral pública, pero precisamente esa moral no es igualitaria: somos una sociedad profundamente antidemocrática. Tanto tu título como mi desaparición son un producto de la falta de escrúpulos. De manera que la eficacia de este parásito tiene la forma de la justicia: acelera los trámites, y eso es lo más parecido a la democracia. A la ley peruana no hay que pedirle sino que casi se cumpla. Con eso salvaríamos los ojos y la lengua. Ya después, cuando sea la hora, esa ley hará, además, justicia. Por lo pronto, que evite una injusticia mayor, para no seguir gastándonos el poco futuro que nos queda." ¡Notable!
Con la firma del tratado de libre comercio (TLC) con los Estados Unidos se dio un hecho llamativo. Es claro que hay sectores que van a ser ampliamente beneficiados por el tratado comercial; pero hay otros que manifiestamente no. Como dijo bien Hernando de Soto – no tan comunista, como sabemos – hay un 2% que se va a beneficiar y una enorme mayoría que se puede perjudicar. Los agricultores, mayoritariamente, salvo el caso de algunos agro-exportadores, sostienen fuertes críticas al TLC y no han sido pocas las movilizaciones que han realizado manifestando su rechazo. No hablemos de los sindicatos, de organizaciones populares, de asociaciones indígenas, de profesionales de la salud y agrupaciones de enfermos, etc., y de muchas instituciones y no pocas ONG, por la intelligentzia local. Al margen de los argumentos, la unanimidad de la prensa peruana – salvo un tímido y ya no el de antes diario La República, pues – ha levantado el tratado con la ecuación simple: exportación a EE.UU. = producción + empleo, de facilísima comprensión. El Estado peruano ha utilizado ingentes cantidades de dinero para promover la misma sencilla ecuación, dejando de lado el punto de vista de millones de peruanos con otra perspectiva de las cosas y aprobando el tratado entre gallos y medianoche (y ahora una addenda, que es en realidad enmienda[2], pasa por el mismo procedimiento).
Unas breves apariciones no muy claras de complicados especialistas de oposición al TLC o los políticos más limitados del Partido Nacionalista – no difíciles de encontrar –, permiten fintear libertad de expresión, mientras se transmite abundantemente la idea de que oponerse al TLC es más o menos traición a la patria. Ya luego, bien apuntalada esa idea, la señora Valenzuela hace una de sus célebres encuestas: “¿Está usted de acuerdo o no con el TLC con Estados Unidos?”, y el 99.9% dice sí.
En medio de tan entomológico panorama, en el que la congresista Hildebrandt se burla de quechua hablantes y a algunos les parece razonable, en donde la venta de caramelos es una de las principales actividades laborales, donde se encarcela a dirigentes sindicales simplemente por cumplir con el mandato que le ha sido encomendado por sus bases (como ocurre en Shougang), donde existen regiones en las que la gran mayoría de las autoridades coinciden en todo con las grandes empresas explotadoras de la zona, como ocurre en Cajamarca con Yanacocha y donde a los campesinos que cuidan su agua y su tierras se les llama delincuentes, en un contexto así, ¿qué pensar de las libertades?
Curioso país. Donde, como bien dice un muy conservador aunque versado Antonio Brack Egg, se saluda a la bandera, se canta el himno, se habla de amor a la patria, mientras se depredan los recursos naturales del territorio, que es la razón de ser de tanta parafernalia, entre arreglos bajo la mesa y miradas de entendimiento. “Patriotismo hipócrita”, dice muy expresivamente el ecólogo.
He hecho mi propia encuesta al paso, también, entre personas de un pueblo joven de Lima, sobre el tema de la libertad de prensa y la no renovación de la licencia a Radio Caracas Televisión (RCTV) para usar la frecuencia televisiva que usaba hace cincuenta años, en Venezuela. Tomé como línea de base, para hacerla, a realidades inmediatamente constatables, es decir al reconocimiento de necesidades irresueltas desde hace décadas de décadas y que no tienen perspectivas de solucionarse en el corto plazo.
¿Qué prefiere usted – pregunté – atención en salud, educación de calidad, empleo, bienestar modesto pero sin angustias, o… libertad de prensa? La dicotomía es válido plantearla, pues en todas estas décadas de pobreza, de miseria, muchas veces se ha hablado de la recuperación de la libertad de prensa como un gran triunfo de la democracia. Democracia que, debemos suponer, propone libertades que son la panacea para el progreso, el desarrollo y el bienestar.
Y bueno pues, entre veinte encuestados de todas las edades, obtuve veinte risas a mandíbula batiente y unanimidad absoluta en las respuestas. Parece ser, constatamos entonces, que nadie tiene mucho interés por la libertad de prensa. Y tampoco, debo suponer, por la democracia. Al menos esta que, como decía aquel gran intelectual, general Manuel Apolinario Odría, no se come.
No muy agradable de ver, no muy coherente en la concreción del deber ser, la vida en sociedad en este Perú en el que nos toca transitar, trabajar cuando se puede, ser finalmente, se pierde entre una multitud citadina y ciega que se va a mirar vitrinas a los centros comerciales, una multitud que tiene frío en alturas serranas y descubre más miseria en bosques depredados, una multitud que no quiere saber y no quiere entender porque es difícil averiguar por dónde vienen las desgracias, quizá sea Dios o quizá el diablo... Y que sabe que, en todo caso, no es – queda claro – gracias a la unanimidad de la prensa, la libertad de empresa y de tener casa de playa de unos cuantos, que aparecerán respuestas y salidas interesantes, creíbles, posibles.
[1] “Todas las sangres. Antología de cuentos peruanos sobre la violencia política” – Varios autores – Gustavo Faverón, editor – Grupo Editorial Matalamanga – Lima, 2006
[2] “Addenda que son enmiendas” por Raúl Wiener en http://rwiener.blogspot.com/2007_06_01_archive.html
Con la firma del tratado de libre comercio (TLC) con los Estados Unidos se dio un hecho llamativo. Es claro que hay sectores que van a ser ampliamente beneficiados por el tratado comercial; pero hay otros que manifiestamente no. Como dijo bien Hernando de Soto – no tan comunista, como sabemos – hay un 2% que se va a beneficiar y una enorme mayoría que se puede perjudicar. Los agricultores, mayoritariamente, salvo el caso de algunos agro-exportadores, sostienen fuertes críticas al TLC y no han sido pocas las movilizaciones que han realizado manifestando su rechazo. No hablemos de los sindicatos, de organizaciones populares, de asociaciones indígenas, de profesionales de la salud y agrupaciones de enfermos, etc., y de muchas instituciones y no pocas ONG, por la intelligentzia local. Al margen de los argumentos, la unanimidad de la prensa peruana – salvo un tímido y ya no el de antes diario La República, pues – ha levantado el tratado con la ecuación simple: exportación a EE.UU. = producción + empleo, de facilísima comprensión. El Estado peruano ha utilizado ingentes cantidades de dinero para promover la misma sencilla ecuación, dejando de lado el punto de vista de millones de peruanos con otra perspectiva de las cosas y aprobando el tratado entre gallos y medianoche (y ahora una addenda, que es en realidad enmienda[2], pasa por el mismo procedimiento).
Unas breves apariciones no muy claras de complicados especialistas de oposición al TLC o los políticos más limitados del Partido Nacionalista – no difíciles de encontrar –, permiten fintear libertad de expresión, mientras se transmite abundantemente la idea de que oponerse al TLC es más o menos traición a la patria. Ya luego, bien apuntalada esa idea, la señora Valenzuela hace una de sus célebres encuestas: “¿Está usted de acuerdo o no con el TLC con Estados Unidos?”, y el 99.9% dice sí.
En medio de tan entomológico panorama, en el que la congresista Hildebrandt se burla de quechua hablantes y a algunos les parece razonable, en donde la venta de caramelos es una de las principales actividades laborales, donde se encarcela a dirigentes sindicales simplemente por cumplir con el mandato que le ha sido encomendado por sus bases (como ocurre en Shougang), donde existen regiones en las que la gran mayoría de las autoridades coinciden en todo con las grandes empresas explotadoras de la zona, como ocurre en Cajamarca con Yanacocha y donde a los campesinos que cuidan su agua y su tierras se les llama delincuentes, en un contexto así, ¿qué pensar de las libertades?
Curioso país. Donde, como bien dice un muy conservador aunque versado Antonio Brack Egg, se saluda a la bandera, se canta el himno, se habla de amor a la patria, mientras se depredan los recursos naturales del territorio, que es la razón de ser de tanta parafernalia, entre arreglos bajo la mesa y miradas de entendimiento. “Patriotismo hipócrita”, dice muy expresivamente el ecólogo.
He hecho mi propia encuesta al paso, también, entre personas de un pueblo joven de Lima, sobre el tema de la libertad de prensa y la no renovación de la licencia a Radio Caracas Televisión (RCTV) para usar la frecuencia televisiva que usaba hace cincuenta años, en Venezuela. Tomé como línea de base, para hacerla, a realidades inmediatamente constatables, es decir al reconocimiento de necesidades irresueltas desde hace décadas de décadas y que no tienen perspectivas de solucionarse en el corto plazo.
¿Qué prefiere usted – pregunté – atención en salud, educación de calidad, empleo, bienestar modesto pero sin angustias, o… libertad de prensa? La dicotomía es válido plantearla, pues en todas estas décadas de pobreza, de miseria, muchas veces se ha hablado de la recuperación de la libertad de prensa como un gran triunfo de la democracia. Democracia que, debemos suponer, propone libertades que son la panacea para el progreso, el desarrollo y el bienestar.
Y bueno pues, entre veinte encuestados de todas las edades, obtuve veinte risas a mandíbula batiente y unanimidad absoluta en las respuestas. Parece ser, constatamos entonces, que nadie tiene mucho interés por la libertad de prensa. Y tampoco, debo suponer, por la democracia. Al menos esta que, como decía aquel gran intelectual, general Manuel Apolinario Odría, no se come.
No muy agradable de ver, no muy coherente en la concreción del deber ser, la vida en sociedad en este Perú en el que nos toca transitar, trabajar cuando se puede, ser finalmente, se pierde entre una multitud citadina y ciega que se va a mirar vitrinas a los centros comerciales, una multitud que tiene frío en alturas serranas y descubre más miseria en bosques depredados, una multitud que no quiere saber y no quiere entender porque es difícil averiguar por dónde vienen las desgracias, quizá sea Dios o quizá el diablo... Y que sabe que, en todo caso, no es – queda claro – gracias a la unanimidad de la prensa, la libertad de empresa y de tener casa de playa de unos cuantos, que aparecerán respuestas y salidas interesantes, creíbles, posibles.
[1] “Todas las sangres. Antología de cuentos peruanos sobre la violencia política” – Varios autores – Gustavo Faverón, editor – Grupo Editorial Matalamanga – Lima, 2006
[2] “Addenda que son enmiendas” por Raúl Wiener en http://rwiener.blogspot.com/2007_06_01_archive.html

1 comentarios:
Enhorabuena por tu cuaderno, David, que te animo a continuar. Lo recomendaré desde el mío.
Un saludo desde España
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